«Espera, aquí tienes mi tarjeta de contacto»

¿Cuántas veces habré visto películas en las que los tipos con poder, ricos y habitualmente con proposiciones malintencionadas dan tarjetas de contacto al pobre y abrumado protagonista? Y no las dan de cualquier manera, no, la tienen bien sujeta entre el índice y el corazón, con cara altiva y mirada segura y penetrante. Y en mis ensoñaciones febriles y grandilucuentes, una pequeña parte de mi imaginaba tener tarjetas elegantes y sofisticadas para repartir como quien reparte cheques. Pues bien, ese sueño se ha hecho realidad.

Un ejercicio que creo que es interesante de hacer una vez tenemos nuestras tarjetas de traductores profesionales personalizadas entre las manos es actuar según el dicho «Una gran cantidad de tarjetas conlleva una gran responsabilidad»; es decir, es el mejor momento (ni antes y después, justo ahora) de que nos asalten preguntas similares a: “Vale, ¿y ahora qué hago con ellas?, “¿Quién demonios va a querer mi tarjeta?”, “¿Ha sido esta una buena inversión, o lo hice bajo la influencia de la cafeína matutina?”. Una vez creamos haber encontrado respuesta a tooooodas las preguntas con un “pues se las doy a mi madre y ella que reparta”, hay que calzarse las botas del realismo y la madurez recién estrenada y hacer una lista de posibles receptores de nuestras tarjetas. Por ejemplo:

– TU MADRE

Y por ende a tu padre. Sí, y además un buen fajo de ellas. Tus padres y familiares más directos se encontrarán en las mismas situaciones cotidianas en las que podrán echarte un cable y sacar una tarjeta tuya. La red de contactos de tus padres, además de más extensa de lo que creías, es realmente diversa, además de potencialmente infinita en cuanto a sus ramificaciones. Tu barrio o pueblo también necesita un traductor o corrector,  y a veces podemos perder de vista esta gran verdad.  Así que no cuesta nada repartir a la panadera, a tu kiosquero y a tus vecinos. Think globally, pero investiga también en tu pequeño mundo.

OTROS TRADUCTORES, COMPAÑEROS DE CLASE, PROFESORES

Puede ser tan útil estar presente en formato tarjeta en la cartera de un posible cliente directo como en la de un excompañero de facultad (e incluso de instituto). Las buenas relaciones entre compañeros de clase, tertúlia, fiesta o gremio pueden representar gratas sorpresas en un futuro próximo.

Por lo tanto, reparte tarjetas a gente que se dedica a tu misma profesión, ya que os podéis sacar mútuamente de un apuro: él encontrará alguien adecuado por ese encargo que tuvo que rechazar y tú tendrás unos ingresos extra por un encargo (y puede que un cliente, o agencia) que desconocías.

Reparte tarjetas entre aquells compañeros de colegio, instituto o bachillerato con los que sigas en contacto, sean de letras o de números. Ellos tienen un perfil profesional que puede ser distinto al tuyo y, por consiguiente, un nuevo mercado al que poner el pie como traductor. Marina, que trabaja en una peluquería, puede hablar de ti a su jefa y animarla finalmente a traducir sus servicios o su página web al inglés; Tomás quizás se lo comentará a Nadia, su novia, que acaba de entrar en un bufete de abogados donde andan desesperados para contratar a un traductor especializado en derecho mercantil; Gonzo, el fiestero de la clase, te cuenta que acaba de abrir una discoteca en Mallorca y necesita que alguien le traduzca toda la publicidad de la que dispone para llegar mejor a los jóvenes británicos. Nunca se sabe.

Los profesores también son más que dignos merecedores de alguna de vuestras tarjetas. La tendencia será dar alguna a ese par o tres de profesores de la facultad con los que tenéis más afinidad, ya sea por el interés que os despierta su asignatura o por lo majos y abiertos que han sido siempre con vosotros. Pues adelante, ellos pueden ser otra buena fuente de contactos con terceros que desconocemos, y además con el aval de la recomendación de tu profesor de traducción científica, por ejemplo, que le da un gran valor añadido. Mi consejo es que perdáis el silencio de respeto a los profesores de la universidad incluso cuando dejéis de ser estudiantes; están allí para seguiros ayudando en lo que puedan, y a nadie se le caen los anillos por aceptar una tarjeta de contacto de un exalumno y nuevo compañero de profesión.

– EMPRESAS, NEGOCIOS PARTICULARES Y AUTÓNOMOS.

Quizás el target más evidente. Si lo que buscáis es llegar a nuevos clientes directos, o hacer contactos en un mercado afín a vuestros servicios de traducción, las tarjetas son el complemento perfecto. Atención, COM-PLE-MEN-TO. Es decir, si sóis unos maleducados o titubeáis al decir vuestro nombre y os resulta imposible hablar cordialmente de vuestra profesión, no esperéis que una tarjeta solucione el problema. Las tarjetas son el complemento, el soporte, la puntilla final perfecta para dar una imagen seria y sellar una buena conversación con cualquier persona que vaya a necesitar nuestros servicios (y puede que aún no lo sepa).

Así que, en resumen, he roto con unos cuantos mitos que yo mismo me había creado cuando era un niño cinéfilo. No sólo los abogados del diablo tienen tarjeta (porque seguro que todos tienen), también cualquier autónomo, pequeño empresario o miembro de una compañía que se toma en serio su trabajo. Insisto, tanto sobre el papel como en la práctica, los beneficios de ir cargado con unas cuantas tarjetas de contacto en el bolsillo puede resultar de gran utilidad en multitud de ocasiones.

Y recordad! Dad unas cuantas a vuesta madre, ella es la mejor RRPP que tenéis!

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