Generación Z

Tiempos difíciles, los que nos tocan vivir. Tiempos en que nada es lo que nos prometieron, en que cada día viene alguien vestido de negro y nos mina un poco la libertad. Tiempos difíciles, los que nos tocan vivir, y todas las promesas que algún día oímos se vuelven más livianas.

Os recomiendo echar un vistazo, si no lo conocéis aún, este breve y punzante vídeo: http://www.youtube.com/watch?v=mC2x5nL_LKk

Hace ya tiempo que le doy vueltas a conceptos, ideas y esperanzas. Un poco a lo «Reality Bites»,  me pasé el verano trabajando, claro, pero también haciendo planes (que ahora llamo castillos de arena) sobre qué quería hacer con mi vida, y formulándome preguntas psico-tóxicas como ¿dónde quiero estar en veinte años?, ¿me conozco realmente? ¿me veo capaz de enfocar mi vida para llegar a ser y hacer lo que yo quiero?, etc. Un proceso infinito, y que hasta cierto punto me hizo perder las coordenadas de la realidad. Total, para enfrentarme al mes de setiembre cargado de ilusiones pero algo ligero de realismo. Como no podía ser de otra forma, la realidad me golpeó en la nariz y tuve que echar la cabeza para atrás durante un rato para cortar la hemorragia.

La situación de dificultades sociales y económicas, y el clima de desconcierto, reivindicaciones e injusticias que acechan el día a día han cuajado en todos nosotros. Y es inevitable que, como generación acabada de salir del horno (y nube de azúcar) que es la universidad, esta situación nos confunda. Me acuerdo cuando hace seis, siete u ocho años apareció en todos los diarios, televisiones y tertulias el concepto «mileurista»; el problema de la pasada década fue precisamente este, la precaria situación de una gran porción de los jóvenes, condenados a ganar un salario estándar de mil euros. Recuerdo ese término, esos debates y esa situación como algo importante, triste, preocupante. Pero no puedo evitar el choque anacrónico de ver como hoy en día la palabra mileurista corresponde sin lugar a dudas a los afortunados. Este término hoy día significa casi estabilidad. Los pobres mileuristas de ayer son los perennes becarios con sueldos de 200 euros de hoy.

Creo que hoy puedo decir que acepto las perspectivas económicas. Pero no las dudas y las quejas infundadas de ciertas personas. Que no estamos preparados, que tenemos la piel muy fina, que hemos vivido mal acostumbrados, en un cojín de oro, que no tenemos ni ética ni voluntad de trabajo porque nunca los hemos conocido.

Sin embargo, cada día que pasa me voy dando cuenta que aunque con despertar lento, poco a poco los jóvenes de este país, tengamos o no estudios superiores, seamos de números o de letras, tengamos 23, 18 o 28 años,  empezamos a demostrar al mundo que podemos luchar por lo que queremos, y muy probablemente merecemos. Hemos sabido cortar de raíz los vicios y malas costumbres de antaño, de las décadas prósperas precedentes, y no cesamos en nuestro empeño de buscar, o amoldar, ese espacio en la sociedad que consideramos nuestro.

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