Reflexiones

Una crónica más del Traduemprende Barcelona

Este viernes se celebró el Traduemprende Barcelona, la segunda edición de las jornadas de traducción y emprendimiento organizadas por Leon Hunter. La oportunidad perfecta, y muy esperada, para que todos aquellos traductores que empezamos aprendamos de los que ya llevan tiempo en la profesión.

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Además de las conferencias, que tuvieron lugar en la Residencia de Investigadores, había actividades sociales paralelas, como la cena y copa posterior, o el cóctel previo al que tuve la oportunidad de asistir. Porque los traductores no vivimos sólo de charlas oficiales, sino también de charlas oficiosas.

A pesar de que el recuerdo aún está muy fresco en mi memoria, y buena parte de las ideas, consejos y conocimientos compartidos requieren cierto tiempo para ser digeridos y bien aprovechados, trataré de hacer una crónica de lo que fue para mí la experiencia.

El jueves se organizó un cóctel para que los asistentes y los ponentes nos conociéramos, y pudiéramos hablar de manera distendida y relajada antes de que, al día siguiente, los horarios pautados, el ritmo frenético y la magnitud de conocimientos encorsetados en cerca de siete horas que duraba la jornada marcaran el tempo. Allí pude reencontrarme con antiguos compañeros de facultad, amigos de los que yo llamo “de seminario” (gente a la que veo de conferencia en conferencia, pero que es como si quedáramos para tomar café una vez por semana), desvirtualizar a gente a la que hace tiempo que sigo y con quien hablo por las redes sociales, y hablar tranquilamente con algunos de los ponentes. Creo que el cava hizo que, poco a poco, y copa a copa, todos fuéramos habituándonos al ambiente, y los tímidos saludos dieran paso a conversaciones, anécdotas y risas generalizadas. Los traductores somos seres curiosos por naturaleza, pero sería un error olvidarnos de nuestra simpatía y amor por el gremio. Pude hablar con Juan Yborra de nuestra ciudad de Erasmus en común, reír de las ocurrencias y el buen humor de Javier Pérez, agradecer a Leon Hunter la organización de tan provechoso evento, y saludar personalmente a Scheherezade Surià, quien en más de una ocasión ha tenido que responder a mis correos cargados de dudas y preguntas.  Mención especial para el magnífico pastel que Gabriel Cabrera regaló a Leon Hunter, del cual no tengo fotos, pero que –creedme- era espectacular, digno de cualquiera de esos programas de pasteleros que hacen las tartas más imaginativas posibles. Bueno, tan espectacular como la galleta personalizada que me llevé a casa, o la mega-galleta/tablón de los diez mandamientos con el que escribió su introducción. ¡Sublime!

Tras más de tres horas (que volaron como si hubieran sido 20 minutos) de ir y venir por la sala saludando, hablando y conociendo a todos los asistentes, era el momento de ir cada uno a su casa a descansar para llegar al día siguiente a las nueve de la mañana cargados de energías y con la mente bien despejada.

Y allí estábamos todos, pues, puntuales como la Reina de Inglaterra y ansiosos por ver empezar la jornada maratoniana de ponencias. Las primeras dos fueron a cargo de Javier Pérez y Juan Yborra, que me permitieron descubrir el apasionante mundo de la traducción de cómics y novelas gráficas, y la importancia (no siempre respetada) de la intertextualidad de la mano de Javier, y reflexionar un poco mejor acerca del crowdsourcing, de cuando resulta positivo y cuando resulta perjudicial (es decir, cómo en ocasiones las grandes empresas abusan de los conocimientos lingüísticos de sus usuarios para conseguir tener todos sus materiales disponibles en muchos idiomas). La reflexión estaba servida.

Después de la pausa para el café, era el turno de escuchar y admirar la trayectoria y experiencia profesional de Amaia Gómez Goikoetxea quien, bebé en brazos (por Dios, ¡qué monada!) nos relató con sencillez y pasión la evolución de su carrera, que empezó como arquitecta y que en la actualidad la ha llevado a ser una gran traductora técnica e impulsora de diversos proyectos y iniciativas muy enriquecedoras para los traductores especializados en ese campo; en mi opinión, un ejemplo cercano de lo que significa emprender, perder el miedo al fracaso, y vivir día a día con amor a lo que haces. O lo que es lo mismo, del valor empresarial de las ideas, tal y como rezaba el título de su ponencia. A continuación, Irene Vidal, de 4Visions Manager, nos dio una visión muy interesante de cómo crear nuestra propia empresa, de cómo conseguir orquestrar el diseño, la planificación, la obtención de clientes sin volvernos locos; en definitiva, nos ayudó a vernos como lo que somos, nuestra propia empresa. La tercera ponencia de esta parte fue la de Gabriel Cabrera, que nos habló de los trámites del traductor autónomo como nunca lo habíamos oído; cuál Ulises travesando las peligrosas aguas en busca de su anhelada Penélope, Gabriel consiguió hacernos ver que Hacienda y la Seguridad Social, por más temibles que parezcan, no son tan invencibles como parecen si nos tomamos los trámites y el papeleo con cierto sentido común.

Después de la pausa para la comida, Traduemprende volvió a la carga con más ímpetu que nunca, gracias a las ponencias de Alessio Demartis, Lloyd Bingham y Scheherezade Surià, un tripartito cargado de ideas y experiencias acerca de cómo salir adelante en esta profesión sin perder de vista quienes somos. Alessio dio una magnífica charla repleta de consejos acerca de cómo tratar con agencias de traducción y clientes directos, cómo aplicar algunos sencillos trucos de promoción empresarial mediante nuestros currículos, cartas de presentación y actividad en las redes sociales; con su tono ameno, su confianza y la generosidad con la que nos explicó qué podemos hacer y qué no debemos hacer en un futuro inminente, nos faltaban fuerzas en las manos para apuntar todas las ideas que nos venían a la cabeza. A continuación, le tocó el turno a Lloyd Bingham, quien relató con esmero y convencimiento su actividad de traductor y creador de contenidos en las redes sociales; como dijo, a pesar de estar 8 horas al día traduciendo para una agencia, hace lo posible para sacar tiempo para mantenerse muy activo en el mundo 2.0, mediante su blog, Twitter y sus mil iniciativas. Por último, la charla que yo esperaba con más ganas (y que no me defraudó): Scheherezade Surià cubrió con todo lujo de detalles y sin dejarse absolutamente nada en el tintero los entresijos de la traducción editorial. Desde cómo empezar, ponerse en contacto con las editoriales o enfocar la traducción de un libro, hasta las tarifas, la relación con los correctores y los contratos editoriales.

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Me resulta complicado resumir en este momento la gran experiencia que resultó ser este Traduemprende. Fue tanto el buen ambiente, tantos los consejos y experiencias escuchados, tan grande la pasión contagiosa de todos los ponentes, y tan agradable conversar con buena parte de los asistentes, que los adjetivos categóricos se me escapan de la mente. Ahora bien, lo que sí tengo claro es que estas jornadas no podrían haber aparecido en un mejor momento, y que sólo deseo que de ahora en adelante mi determinación esté a la altura de las ideas y entusiasmo que me llevé en el bolsillo.

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Posgrado de traducción jurídica de la UAB (II)

En la última entrada hablé de mi experiencia y opinión del posgrado de traducción jurídica de la UAB que realicé este curso, y prometí escribir otra con la información básica para aquellos interesados, o decididos, a hacerlo. ¡Empezamos!

INFORMACIÓN DE INTERÉS GENERAL

– Se trata de un posgrado presencial 100%, de 9 meses de duración, en la que se combinan las clases teóricas y prácticas.

– Hay 30 plazas disponibles en total, por lo que se trabaja con un grupo de estudiantes reducido, hecho que facilita la interacción, la proximidad con el profesorado, y la confianza en el grupo.

– Hay asignaturas que tienen más carga teórica (sobre todo las primeras, dedicadas al derecho español y anglosajón) y otras que son eminentemente más prácticas (es decir, las dedicadas a la traducción propiamente dicha de alguna rama del derecho)

– Consta de un total de 40 créditos ECTS (es decir, unas 200 horas lectivas en total), pero con un calendario bastante ligero, pues se tiene en cuenta la variedad de perfiles que presentan sus estudiantes.

– A modo de ejemplo, el año pasado las clases eran los martes y los jueves, de 17:00 a 20:00 o 20:15, y algunas asignaturas se realizaban los viernes por la tarde. Así pues, y aunque pueda haber algún cambio este año, las clases son 2 o 3 días por semana, en horario de tarde.

– El curso empieza a mediados o finales de setiembre, y finaliza la primera o la segunda semana de junio.

– Como ya comenté en la otra entrada, podrán acceder a este posgrado aquellas personas que provengan de los grados o licenciaturas de traducción e interpretación, filología y derecho. También pueden matricularse aquellas personas que provengan de otros estudios, aunque deberán poseer un muy buen conocimiento de la lengua extranjera. Los estudiantes de las dos últimas carreras tendrán una carga lectiva superior, pues al inicio tienen una asignatura de introducción a la traducción de la cual los licenciados en traducción e interpretación están exentos.

– En la página web del posgrado se explica también que los alumnos que no provengan de traducción e interpretación deberán pasar una pequeña prueba de aptitudes lingüísticas y de traducción, aunque lamentablemente no conozco en qué consiste.

– Un apunte interesante de este posgrado, y que no cité en la anterior entrada, es que existen diferentes combinaciones de lenguas; es decir, siempre que haya suficientes matriculados que lo soliciten, existe la opción de realizar el curso para las lenguas siguientes: catalán, francés y alemán, además del ya estándar inglés-español. Así que si os interesa especializaros en traducción jurídica del francés, por ejemplo, poneros en contacto con Carmen Bestué, coordinadora y profesora del posgrado, y preguntadle sobre esa opción. Si otra gente lo solicita, y hay suficientes alumnos, se creará un grupo paralelo para la combinación lingüística que se requiera.

IMPORTE Y FECHAS DE MATRÍCULA

El precio del posgrado varía en función de los estudios de los que provengas:

– Para estudiantes provenientes de traducción e interpretación y de derecho, el precio del posgrado es de 1800€.

– Para los provenientes de otras titulaciones, el precio es de 2000€, pues realizan más créditos en forma del módulo de introducción a la traducción.

Hay dos plazos para hacer la matrícula. El segundo plazo se abre solo si existen plazas libres una vez cerrada la primera matriculación.

– La primera matriculación puede realizarse del 2 al 25 de julio.

– La segunda matriculación estará abierta del 3 al 25 de setiembre.

Ambos periodos de matriculación deberán realizarse en el Departamento de Traducción e Interpretación del Campus de Bellaterra de la UAB.

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Cabe mencionar que existe una beca de colaboración académica para un estudiante, aunque para este curso ya está cerrada (o eso pone en la página web, al menos). En caso de que a alguien le interese saber más sobre el funcionamiento y los requisitos de esta beca, podéis poneros en contacto conmigo, y yo os proporcionaría el contacto de la compañera que desempeñó estas tareas el curso pasado.

Si has llegado hasta aquí leyendo, primero, déjame darte las gracias; y segundo, voy a obsequiarte con la primicia del posgrado para el curso que viene. Empieza por “Prácticas de traducción en” y acaba en “organismos internacionales”. Y que junto dice, evidentemente, prácticas de traducción en los organismos internacionales. Cortesía de Gemma Capellas, grandísima traductora y profesora, debido a que tiene una vasta experiencia como traductora de los principales organismos internacionales y una energía contagiosa brutal. Este pasado curso hicimos la prueba piloto, un poco el embrión de lo que va a ser ya oficialmente a partir del curso que viene: la posibilidad de realizar una pasantía en diferentes organismos internacionales para tener una primera incursión de lujo en el funcionamiento y el trabajo de traducción en las más altas esferas comunitarias e internacionales. Como veis, pisamos fuerte.

Una última recomendación: podéis echar un vistazo a las opiniones de varios alumnos del pasado año en la página web del posgrado, en el apartado “¿Qué opinan los ex alumnos?”, así como consultar el listado de asignaturas y de docentes.

Y por supuesto, si alguno de vosotros tiene preguntas más específicas sobre el posgrado, o desea consultarme cualquier otro aspecto relacionado con él, por favor, no dudéis ni un segundo en poneros en contacto conmigo. Estaré más que encantado en ayudaros (¡en lo que pueda!).

Posgrado de traducción jurídica de la UAB (I)

El pasado jueves 13 entré por última vez a la UAB como estudiante. Hice el último examen del posgrado, que para mi sorpresa, fue el que más tiempo tardé en acabar; tres horas y cuarto de traducción de contratos de préstamo hipotecario y de contratos de compraventa de inmuebles residenciales dan para mucho, ardor de ojos incluido. Al acabar y confirmar que la profesora lo había recibido correctamente (en mis años novatos tuve un pequeño percance con eso, y desde entonces no-me-fío-un-pe-lo) me levanté de la silla, apagué el ordenador, miré con cara de tristeza a mis compañeros y crucé la puerta. La dejé abierta, porque el resto de mis compañeros estaban a media traducción, musité un «ánimos, chicos» y me fui.

Más tarde, en el tren de camino a casa, visualicé ese momento y pensé que en realidad era una bonita metáfora. Las puertas no se cierran a menos que uno no espere ya que salga nada de bueno de ellas, y este no es para nada el caso.

Porque el posgrado de traducción jurídica de la Universitat Autònoma de Barcelona, o esos nueve meses de teoría sobre los sistemas jurídicos, de traducción de contratos, estatutos, testamentos e incluso patentes, han dado para mucho. Aunque, por momentos, los conceptos se amontonaran encima de nuestras cabezas, y de tanto bulto y tanto empuje pareciera imposible que llegaran a traspasar nuestro córtex cerebral, tuve siempre muy presente que cada idea, cada consejo, cada explicación, además de una razón de ser, tenía además un sentido práctico. Como muy bien dijo Anabel Borja Albí, no hay que ponerse nervioso, y el tiempo hará que todo lo recibido durante las clases se vaya posando. Me gustó mucho esa idea, que inmediatamente la asocié con el café humeante de primera hora de la mañana; solo hay que dejar que repose un par de minutos para gozar de su textura y sabor en plenitud.

Además, el ambiente entre los compañeros fue muy bueno; éramos un grupo reducido, de solo 17 estudiantes, por lo que las clases eran grupales, participativas y muy enriquecedoras. La mayoría proveníamos de Traducción e Interpretación, pero había 3 chicas de Filología y 2 más de Derecho. Esta mezcla de estudios, perfiles y experiencias profesionales tan diversas fueron un punto a favor de mi aprendizaje, ya que aprendí tanto de mis compañeros como de los profesores. Y eso es impagable.

Puesto que, como he mencionado al principio, mi despedida fue tan mustia como mal programada, quería lanzar un shout out bien alto y orgulloso a mis dieciséis compañeros, por el apoyo comunitario, las bromas sectarias que sólo los traductores queremos y logramos entender, las cenas, los cafés al sol y los cientos de momentos que, dentro o fuera de clase, han hecho de este año un gozo.

 

Como llevo un mes de ajetreo físico y mental bastante intenso, se han ido colando los días y las semanas (¡ay madre!) sin entradas en el blog, y no es por faltas de ganas o ideas, pues tengo en mente hablar sobre tres o cuatro temas en breve.

Así que, a modo de avance, y de declaración jurada virtual por mi parte, me he propuesto publicar una entrada con una explicación más pormenorizada del posgrado, donde trataré de explicar las condiciones de matrícula y los trámites, así como los profesores de cada bloque y las materias trabajadas durante el curso (además de algunas novedades para el año que viene e información que probablemente los interesados en el posgrado desconozcan… ¡sorpresa!). Espero que sea de utilidad para aquellos interesados en este ámbito de la traducción, tanto si ya han decidido matricularse para el próximo curso como si aún tienen dudas.

Traducción literaria para traductores

El pasado 19 y 20 de abril se realizó en la sede de APTIC el curso «Traducción literaria para traductores», impartido por Carlos Mayor, y al que tuve ocasión de asistir, y de quedarme maravillado. Fueron 6 horas intensas, en que tuvimos tiempo de oír, debatir y aprender mucho más de lo que el tiempo, a priori, parecía dejarnos.

El aforo era reducido, cosa que contribuyó a la fluidez y la cercanía en que se desarrolló el taller. Carlos Mayor, a quien bastantes de vosotros ya conocéis, es un traductor literario y editorial con largo recorrido; el invitado perfecto sobre el que arrojar sin timidez todas nuestras dudas sobre el fascinante mundo de la traducción literaria. Los puntos que tratamos fueron justos, pero imprescindibles. ¿Cómo funciona el mercado editorial, y cuál es el papel que juegan los traductores en él hoy en día? ¿¿Cuáles son los aspectos profesionales y fiscales que lo caracterizan? ¿Cómo acceder, o tener un primer acercamiento, al tan a menudo temido mundo editorial? Además, tuvimos tiempo de tocar asuntos más pragmáticos e igual de interesantes, como por ejemplo la puntuación de los diálogos en español, o la variedad de métodos de trabajo que emplean los traductores literarios.

El público lo formamos una amalgama bastante heterogénea de traductores profesionales e iniciados, desde gente que ya se dedica a la traducción literaria y editorial, a recién licenciados, a traductores con otras especialidades o personas afines al lenguaje que sentían curiosidad por este ámbito. Eso permitió multitud de perspectivas distintas, pero todas confluyentes, sobre la profesión. El tono, el ritmo y el enfoque, en mi opinión, no podrían haber sido más adecuados.

Soy muy, pero que muy, partidario de este tipo de actos. Creo firmemente que la gran mayoría de talleres, charlas, seminarios y demás eventos sobre traducción se organizan con una finalidad muy necesaria: la de abrir las puertas de la profesión a todos aquellos que estén interesados. Los traductores somos pocos, y a menudo poco visibles, por eso es tan fantástico estar en contacto, compartir dudas y soluciones entre nosotros. Como ya me ocurrió con la pasada edición de El Ojo del Polisemo, salí de allí el sábado al mediodía pensando: «Ojalá mañana fuera viernes por la tarde de nuevo. ¡No quiero que se acabe!»

Como otras asociaciones de traductores, APTIC apuesta firmemente por la socialización, la formación continua, y la universalidad de los recursos y conocimientos; y eso no tiene precio, sobre todo para aquellos que empezamos y tenemos muy claro que nos queremos dedicar a esto. No hay nada como ser testigo del amor y el respeto que los grandes profesionales sienten por la traducción. Bien por Carlos Mayor, bien por APTIC, ¡y bien por la traducción!

Rituales y métodos

Me preparo un café (con poca leche y demasiado azúcar); puede que el segundo, el tercero o el cuarto del día. Nunca el primero, ése seguro que ya me lo he tomado entre sueños aún nítidos, legañas y los titulares del día. Me ducho, agua fría de mayo a octubre, templada de noviembre a abril. Enciendo el portátil. Me enciendo a la vez un pitillo mientras se cargan los innumerables programas, Spotify, GMail Notifier, y algunos otros que desconozco y que hasta la siguiente limpieza de disco no descubriré. Saboreo (aunque cueste de creer) las últimas bocanadas de humo. Me lavo los dientes. Me siento en la silla. Y ahora, justo ahora y no antes, empieza mi ritual.

Despejo mi cabeza, estiro los brazos en ángulos que uno sólo es capaz de hacer cuando aún está aletargado, y crujo mis dedos; mal hábito, lo sé, igual como el pitillo de la mañana. Cierro los ojos con fuerza un par de segundos, repaso el teclado con la punta de los dedos, como palpándolo, como tanteando el terreno, una simple manera de (re)conocer el terreno. Abro el documento, o el proyecto de MemoQ, Trados, DéjàVu o el programa que se tercie. Abro mi explorador y dejo abiertas en pestañas las cuatro, cinco, hasta siete páginas que sé que consultaré a lo largo del proceso.

Me enfrento al texto, a mi futura traducción (aunque hay veces que ya casi la visualizo) con la cabeza limpia, la mente fresca, los ojos chispeantes y los labios que ya se mueven al ritmo de las palabras que sin querer pronuncio, esa oratoria inconsciente que sufrimos cuando la verbalización consecutiva en dos idiomas nos golpea; exactamente igual que cuando de pequeños nos repiten que se debe leer en silencio, y aún inseguros en la temible falta del habla cuando leemos, soltamos reprimendas interiores a las cuerdas vocales, y les sermoneamos «silencio, tengo que leer en silencio, es de niños bien educados no leer en voz alta el cuento, en silencio, en silencio.» Igual que de pequeños.

La traducción debe estar libre de quebraderos, mentales o emocionales; la traducción exige de ti que seas parcial, que vengas bien aseado y bien desayunado, que hayas ido al baño a hacer tus necesidades antes de empezar (eso también, como cuando somos pequeños y con las prisas de llegar al colegio, casi se nos olvida esa norma sagrada). Porque las palabras, el texto, las ideas, seguirán impasibles allí, en la pantalla; pero tú no, tú estarás pensando en tus cosas, o en el baño, o hablando por teléfono o contestando correos. Y si ellas están, pero tú no, puede que te pierdas ese momento de lucidez con el que ganas la batalla a la diferencia lingüística y cultural que en resumen es tu oficio. Ya lo decían los genios de verdad, los de otra época: «Que la inspiración te pille trabajando.»

No niego la necesidad, casi biológica, de alejarte del tango de las palabras, del vaivén lento pero constante de letras, comas y acentos. La página blanca da miedo, pero hay que saber también gestionar la página teñida del negro de las palabras, hay que tener una estrategia, un objetivo, una esperanza. Hay que alejarse del tango, o la milonga, de las palabras cuando ves que martilleas el teclado sin espasmos, sin acelerones y cambios de marcha. Mala señal. Hay que levantarse, mirar por la ventana, allí a lo lejos, hacer como que no piensas en esa expresión que se te ha atascado, hacer como que no piensas pero pensando. Pero eso es cuando ya estás con las manos sucias, cuando la batalla entre las palabras escritas y las que aún están por escribir está en pleno apogeo. Antes, cuando aún hay paz, o tregua, o guerra fría, como quiera llamársela,  cuando aún estás, o crees estar, en posición de decidir, de controlar, de hacer y deshacer a tu antojo porque aún es pronto, y te acabas de tomar el último y frío sorbo de café, antes de todo eso, uno debe tener sus rituales y métodos para enfrentarse a la traducción con la mente y el corazón limpios limpios limpios como nuestro oficio.  Estos son los míos.