Posgrado de traducción jurídica de la UAB (I)

El pasado jueves 13 entré por última vez a la UAB como estudiante. Hice el último examen del posgrado, que para mi sorpresa, fue el que más tiempo tardé en acabar; tres horas y cuarto de traducción de contratos de préstamo hipotecario y de contratos de compraventa de inmuebles residenciales dan para mucho, ardor de ojos incluido. Al acabar y confirmar que la profesora lo había recibido correctamente (en mis años novatos tuve un pequeño percance con eso, y desde entonces no-me-fío-un-pe-lo) me levanté de la silla, apagué el ordenador, miré con cara de tristeza a mis compañeros y crucé la puerta. La dejé abierta, porque el resto de mis compañeros estaban a media traducción, musité un «ánimos, chicos» y me fui.

Más tarde, en el tren de camino a casa, visualicé ese momento y pensé que en realidad era una bonita metáfora. Las puertas no se cierran a menos que uno no espere ya que salga nada de bueno de ellas, y este no es para nada el caso.

Porque el posgrado de traducción jurídica de la Universitat Autònoma de Barcelona, o esos nueve meses de teoría sobre los sistemas jurídicos, de traducción de contratos, estatutos, testamentos e incluso patentes, han dado para mucho. Aunque, por momentos, los conceptos se amontonaran encima de nuestras cabezas, y de tanto bulto y tanto empuje pareciera imposible que llegaran a traspasar nuestro córtex cerebral, tuve siempre muy presente que cada idea, cada consejo, cada explicación, además de una razón de ser, tenía además un sentido práctico. Como muy bien dijo Anabel Borja Albí, no hay que ponerse nervioso, y el tiempo hará que todo lo recibido durante las clases se vaya posando. Me gustó mucho esa idea, que inmediatamente la asocié con el café humeante de primera hora de la mañana; solo hay que dejar que repose un par de minutos para gozar de su textura y sabor en plenitud.

Además, el ambiente entre los compañeros fue muy bueno; éramos un grupo reducido, de solo 17 estudiantes, por lo que las clases eran grupales, participativas y muy enriquecedoras. La mayoría proveníamos de Traducción e Interpretación, pero había 3 chicas de Filología y 2 más de Derecho. Esta mezcla de estudios, perfiles y experiencias profesionales tan diversas fueron un punto a favor de mi aprendizaje, ya que aprendí tanto de mis compañeros como de los profesores. Y eso es impagable.

Puesto que, como he mencionado al principio, mi despedida fue tan mustia como mal programada, quería lanzar un shout out bien alto y orgulloso a mis dieciséis compañeros, por el apoyo comunitario, las bromas sectarias que sólo los traductores queremos y logramos entender, las cenas, los cafés al sol y los cientos de momentos que, dentro o fuera de clase, han hecho de este año un gozo.

 

Como llevo un mes de ajetreo físico y mental bastante intenso, se han ido colando los días y las semanas (¡ay madre!) sin entradas en el blog, y no es por faltas de ganas o ideas, pues tengo en mente hablar sobre tres o cuatro temas en breve.

Así que, a modo de avance, y de declaración jurada virtual por mi parte, me he propuesto publicar una entrada con una explicación más pormenorizada del posgrado, donde trataré de explicar las condiciones de matrícula y los trámites, así como los profesores de cada bloque y las materias trabajadas durante el curso (además de algunas novedades para el año que viene e información que probablemente los interesados en el posgrado desconozcan… ¡sorpresa!). Espero que sea de utilidad para aquellos interesados en este ámbito de la traducción, tanto si ya han decidido matricularse para el próximo curso como si aún tienen dudas.

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Traducción literaria para traductores

El pasado 19 y 20 de abril se realizó en la sede de APTIC el curso «Traducción literaria para traductores», impartido por Carlos Mayor, y al que tuve ocasión de asistir, y de quedarme maravillado. Fueron 6 horas intensas, en que tuvimos tiempo de oír, debatir y aprender mucho más de lo que el tiempo, a priori, parecía dejarnos.

El aforo era reducido, cosa que contribuyó a la fluidez y la cercanía en que se desarrolló el taller. Carlos Mayor, a quien bastantes de vosotros ya conocéis, es un traductor literario y editorial con largo recorrido; el invitado perfecto sobre el que arrojar sin timidez todas nuestras dudas sobre el fascinante mundo de la traducción literaria. Los puntos que tratamos fueron justos, pero imprescindibles. ¿Cómo funciona el mercado editorial, y cuál es el papel que juegan los traductores en él hoy en día? ¿¿Cuáles son los aspectos profesionales y fiscales que lo caracterizan? ¿Cómo acceder, o tener un primer acercamiento, al tan a menudo temido mundo editorial? Además, tuvimos tiempo de tocar asuntos más pragmáticos e igual de interesantes, como por ejemplo la puntuación de los diálogos en español, o la variedad de métodos de trabajo que emplean los traductores literarios.

El público lo formamos una amalgama bastante heterogénea de traductores profesionales e iniciados, desde gente que ya se dedica a la traducción literaria y editorial, a recién licenciados, a traductores con otras especialidades o personas afines al lenguaje que sentían curiosidad por este ámbito. Eso permitió multitud de perspectivas distintas, pero todas confluyentes, sobre la profesión. El tono, el ritmo y el enfoque, en mi opinión, no podrían haber sido más adecuados.

Soy muy, pero que muy, partidario de este tipo de actos. Creo firmemente que la gran mayoría de talleres, charlas, seminarios y demás eventos sobre traducción se organizan con una finalidad muy necesaria: la de abrir las puertas de la profesión a todos aquellos que estén interesados. Los traductores somos pocos, y a menudo poco visibles, por eso es tan fantástico estar en contacto, compartir dudas y soluciones entre nosotros. Como ya me ocurrió con la pasada edición de El Ojo del Polisemo, salí de allí el sábado al mediodía pensando: «Ojalá mañana fuera viernes por la tarde de nuevo. ¡No quiero que se acabe!»

Como otras asociaciones de traductores, APTIC apuesta firmemente por la socialización, la formación continua, y la universalidad de los recursos y conocimientos; y eso no tiene precio, sobre todo para aquellos que empezamos y tenemos muy claro que nos queremos dedicar a esto. No hay nada como ser testigo del amor y el respeto que los grandes profesionales sienten por la traducción. Bien por Carlos Mayor, bien por APTIC, ¡y bien por la traducción!