Alberto Manguel

¡Bienvenidos!

Primero de todo, ¡bienvenidos a mi blog! En él encontraréis novedades y recursos en el mundo de la traducción, además de mis opiniones y reflexiones sobre asuntos de la profesión y del mundo de las letras.

Las lenguas, como para buena parte de los traductores, han sido y son uno de mis grandes intereses. Por lo tanto, encaminar mi futuro a ellas era el camino más natural. La elección de la licenciatura de Traducción e Interpretación representó para mí el descubrimiento de un mundo de incalculable interés y importancia. Me permitió, además de perfeccionar mis habilidades lingüísticas, conocer y poner en práctica un sinfín de técnicas, métodos y herramientas muy útiles para el oficio, además de ponerme en contacto con otros compañeros que comparten la misma pasión y intereses que yo, y en especial profesionales de la traducción en diferentes ámbitos. Es precisamente en ese contexto donde despertó en mí el verdadero respeto hacia esta profesión, habitualmente invisible y poco considerada.

En el mundo de la traducción, en mi opinión, se aprende de todo, incluso a traducir. Lo formulo así porque a lo largo de los últimos cinco años he tenido la oportunidad de adquirir conocimientos de muchos ámbitos que van más allá de lo que concierne a la traducción per se: desde lingüística, semántica, literatura y cultura en general (lo más evidente) hasta informática, derecho e incluso nociones de genética, farmacología, fiscalidad y maquinaria industrial (definitivamente no tan evidente). Y es que si algo he asimilado es el profundo interés y curiosidad respecto a cualquer tema que un traductor requiere para desarrollar su trayectoria profesional.

Yo traduciría cualquier cosa. No como encargo remunerado, está claro. Pero sí como ejercicio individual, como quien escribe un diario personal, o practica pilates, o cocina magdalenas los fines de semana; como afición, como esa actividad que nos relaja, nos da fuerza o nos ayuda a clarificar las ideas. Desde aquí reivindico la capacidad, y el sano ejercicio, de traducir cualquier texto que pase por tus manos y que despierte tu interés. Traduciendo se aprende. Y a traducir, se aprende traduciendo. Así que, en cuanto pasa cierto tiempo sin proyectos, encargos o traducciones a la vista, traduzco algún fragmento de algo que me interesa. Sin pretensiones ni presión, sólo exigencia con uno mismo; para recordar vivamente esa sensación de nervio e incertidumbre de la primera vez que tuve un texto delante y me dispuse a acometer el hercúleo ejercicio de plasmarlo en otra lengua. Esa misma sensación. Esa misma tensión muscular. Exactamente ese mismo brillo en los ojos.

Acabo esta primera entrada de presentación con una frase del gran escritor y traductor Alberto Manguel, a quien pude escuchar en la última edición del Ojo del Polisemo, y de cuyas palabras y reflexiones quedé poco menos que prendado. Manguel sentencia: «El lector ideal es el traductor. Es capaz de desmenuzar un texto. retirarle la piel, cortarlo hasta la médula, seguir cada arteria y cada vena y luego poner en pie a un nuevo ser viviente.»