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Mi cuaderno de vacaciones Santillana

Llega ese momento del verano en que uno mira el calendario y se da cuenta que el septiembre está a la vuelta de la esquina; y con él, la hora de afrontar el siguiente curso con libretas, agenda y bolígrafos nuevos. Aunque mis tiempos en la escuela quedan ya bastante lejos, no puedo reprimir ese leve escalofrío de expectación ante lo que me puede deparar en los próximos doce meses. Las vacaciones (aunque como buen profesional autónomo, debería decir «mini-vacaciones») me han permitido echar la vista atrás y reflexionar sobre lo que he intentado y logrado durante los últimos doce meses, especialmente a partir de enero, cuando empecé mi aventura como traductor autónomo. Pues bien, tal y como imaginaba, los resultados han sido mucho más sorprendentes y satisfactorios de lo que me esperaba.

Empecemos por el principio, que siempre ayuda: el septiembre pasado, una vez acabado el posgrado, me fui dos meses a Londres para trabajar como becario en el departamento de traducción al español de la Organización Marítima Internacional. El respeto/miedo que me imponía esta oportunidad mientras cruzaba el Canal de la Mancha era enorme, para qué voy a negarlo. Sin embargo, ese respeto/miedo se convirtió en auténtica euforia tras mi primer día de trabajo. Recuerdo la primera vez que puse un pie en el número 4 de Albert Embankment y fui recibido por el jefe del departamento: el buen ambiente y la pasión por el trabajo de cada uno de mis magníficos compañeros se hicieron evidentes desde el minuto uno.

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Durante mi tiempo allí, descubrí infinidad de cosas acerca del funcionamiento de un organismo internacional, pude traducir (y por lo tanto aprender) sobre relaciones internacionales, medidas de prevención y seguridad en aguas internacionales, transporte marítimo, etc. Tuve la oportunidad de asistir, ni más ni menos que desde una cabina de interpretación, a reuniones y sesiones de control de los representantes de todos los países integrantes en que se debatían asuntos cruciales y muy interesantes referentes a los protocolos y leyes que rigen el transporte marítimo, y conocer de primera mano los entresijos de un ámbito, el de la traducción en organismos internacionales, por el cual todos los traductores e intérpretes sienten (o han sentido en alguna ocasión) una inmensa curiosidad. Sin duda, una experiencia enriquecedora y que he tenido un gran impacto en mi enfoque profesional.

Paralelamente a mi pasantía en la OMI, estuve inmerso en otra magnífica experiencia que aparecía en mi lista de cosas que quiero hacer a lo largo de mi vida: la traducción de un libro. Se trata de «Deadly Medicines and Organized Crime», del doctor Peter Gøtzsche, publicado por Los Libros del Lince. Se trata de un libro rebelde, crítico y que no va a dejar indiferente a ninguno de sus lectores, que espero que sean muchos. Era la primera vez que me enfrentaba a una tarea de tamaña complejidad y exigencia, así que durante unos cuantos meses di lo mejor de mí para hacer justicia a dos ejes fundamentales en cualquier libro: al autor y al editor, cuya pasión por el proyecto no merecían menos que mi entero compromiso con la traducción. El libro está recién salido del horno, y lo podréis encontrar en los estantes de las librerías (físicas y virtuales) a partir del 1 de septiembre.

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Por cierto, la presentación del libro se va a realizar en Barcelona el 8 de septiembre en el Institut d’Estudis Catalans, y en Madrid el día 9 de septiembre en la sede de OCU. Para más detalles, podéis consultar el dossier de prensa.

Si mi andadura profesional acabara aquí, mi yo del pasado ya se daría por satisfecho. Afortunadamente, si algo no me ha faltado ha sido trabajo. En febrero empecé a trabajar como traductor y localizador de catalán para una gran empresa internacional y, aunque por razones de confidencialidad no puedo desvelar su nombre ni las tareas que desempeño para ellos, dejadme simplemente dejar constancia de que me encanta.  Además, colaboro regularmente con un par de agencias de confianza como traductor jurado, lo que me saca el gusanillo de la traducción de certificados, documentos y patentes, algo que siempre me ha gustado mucho.

Estoy exactamente donde hace un año soñaba estar: he acumulado experiencia y vivencias absolutamente enriquecedoras tanto a nivel personal como profesional,  me he embarcado en proyectos con los que había fantaseado durante toda mi etapa universitaria y he hecho realidad mi principal objetivo: poder decir con satisfacción que me gano la vida con lo que más me gusta.

Pero el conformismo es algo que no va conmigo, por lo que tengo una lista enorme de cosas pendientes: nuevos proyectos, nuevos clientes, nuevas ideas. Sin ir más lejos, estoy trabajando en definir mi identidad corporativa y preparando la página web de Word It Up Translations, fundamentales para seguir adelante y proyectar  una idea clara de los servicios que ofrezco y los ideales profesionales en los que creo.

¿Quién dijo miedo?

¡Buena rentrée a todos!

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Nanotraducción

Este lunes terminó mi periodo de prácticas como traductor en el Instituto Catalán de Nanotecnología. Han sido tres meses de intenso aprendizaje, de los cuales me llevo un montón de experiencia, recursos y herramientas aplicables sobre todo a la traducción científica y técnica.

El ICN es una fundación privada nacida el 2003, se encuentra en el Campus de la UAB, y está dedicada a la investigación más puntera en nanociencia y nanotecnología. Es decir, entre sus líneas principales de trabajo está el estudio de los fenómenos físicos asociados a las variables de estado, como electrones, fonones, fotones, etc, así como las nuevas propiedades que se obtienen al crear nanoestructuras nuevas. Analizan y manipulan partículas y estructuras a escala nanométrica, y tienen un grupo de investigación dedicado a la transferencia tecnológica, es decir, a la aplicación en la industria de los resultados de su investigación. Ahí es nada.

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Para quien no lo sepa, ahí va una revelación: soy de letras. Pero de letras puras. Hasta ahora, desde la astronomía hasta la física atómica para mí consistían prácticamente en lo mismo, un gran interrogante cubierto de la espesa niebla de la ignorancia. Conceptos como “laserización”, “grafeno”, “microscopio electrónico” o “ftalocianina metálica” eran totalmente ajenos a mi vocabulario habitual. Así pues, el primer día de trabajo, cuando tuve que enfrentarme por primera vez a noticias, artículos científicos, documentos internos y material divulgativo altamente especializado, me temblaron un poco las piernas.

Cabe mencionar que «nano», como tal, es un calificativo referente al tamaño de las muestras, estructuras y estudios que se realizan. Es decir, «nano» es todo. Este campo, tremendamente novedoso y en ciernes, abarca la física, la biología, la química y la ingeniería por igual; para resumirlo a mi manera, no es tanto el qué, sino el cómo.

Comparto un vídeo informativo, ganador del Scinema Film Festival de 2010, en que se explican las bases, el trabajo y las implicaciones presentes y futuras sobre la nanociencia y la nanotecnología. ¡Behold! No os asustéis, está narrado por Stephen Fry, cosa que siempre ayuda.

Interesante, ¿verdad? Pues fue sobre todo a partir del momento en que entendí la importancia de los proyectos realizados en ICN sobre los que traducía, mi trabajo se volvió cien veces más motivador. Tuve la oportunidad de trabajar en el campo de la traducción científico-médica, cosa que siempre me ha interesado, y de lo que me alegro de haber podido aprender y mejorar. Uno de los pilares de este campo es la comprensión. Como en todos los textos para traducir, pero probablemente este es uno de los campos en que es más necesario tener cierto entendimiento de todas y cada una de las palabras. Además, existe el factor de la lingua franca, pues todos los investigadores, sean de Castelló de la Plana, Palencia, Mumbai o Colonia trabajan, publican artículos y se desenvuelven en su profesión en inglés. La búsqueda terminológica, el contraste con textos paralelos, la consulta puntual con los expertos (cuando se pueda), así como una revisión posterior detallada son básicos para una buena traducción en este campo. He tratado de aprovechar esta experiencia para conocer, aplicar y regularizar esta metodología de traducción.

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Mi perfil en la web de ICN

Estaremos atentos a lo que este emocionante campo nos pueda ofrecer en la próxima década. Estamos inmersos en lo que muchos ya llaman «la era nano».