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I can see your true colours

Uno de los elementos más importantes a la hora de crear nuestra propia marca personal, y uno de los más estudiados y comentados en la actualidad, es la selección de los colores. Desde los inicios de la publicidad, se ha tenido muy en cuenta la asociación de los colores con determinadas reacciones, emociones o connotaciones.

Últimamente me he encontrado con multitud de artículos, estudios y teorías al respecto en internet, lo que me ha llevado a la pregunta de qué color (o colores) resultan más adecuados para la profesión de traductor o para mi enfoque de la profesión. Empujado por la curiosidad, he estado leyendo con cierto ahínco sobre este tema, y a su vez reflexionando a raíz de una pregunta tan sencilla como ¿qué color me representa? ¿cómo me gustaría proyectar la imagen de mí mismo como traductor?

Aún sin haber adquirido la experiencia o el conocimiento en profundidad sobre este aspecto del marketing, me gustaría plasmar con un par de pinceladas el proceso de selección de mi imagen personal / profesional como traductor.

Cada color evoca determinadas emociones y sensaciones a las personas. Evidentemente, existen tanto diferencias individuales (hay quien le tiene manía al verde porque sí) y socioculturales (el blanco en el mundo occidental simboliza pureza, mientas que en la cultura japonesa es el color funerario por excelencia); aún así, existen ciertos patrones, muy estudiados por los expertos en publicidad, que determinan la reacción de nuestros cerebros a diferentes estímulos visuales y cromáticos.

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Por eso, es tan importante en la actualidad escoger un color, o una combinación de colores, para nuestra página web, currículum, prospectos, etc. La elección de un color adecuado que aglutine y represente nuestra imagen personal es uno de los elementos más potentes para representar nuestra identidad y la de los productos o servicios que ofrecemos al mercado.

La idea general, por lo tanto, es que si escogemos con acierto un color para nuestra marca, este color puede acabar simbolizando nuestro producto. Conseguimos la simbiosis (comercial y publicitaria) perfecta.

 

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Imagen extraída de la entrada «Psychology of Color», del blog de HelpScout.net

 

No es necesario ceñirse a un único color. Algunas empresas líderes en su sector prefieren ser asociadas con cuatro (o más) colores; esta variedad implica diversificación, cualidad que cuaja perfectamente con empresas como Ebay, ya que ofrece una gran multitud de productos.

Después de haber consultado en diferentes fuentes especializadas, he creado este pequeño listado asociativo, donde aparecen los principales colores y los adjetivos que más habitualmente aparecen relacionados con ellos.

 

ROJO

Poder, pasión, amor, atrevimiento, agresividad, radicalidad

AMARILLO

Energía, luz, juventud, positividad, motivación, creatividad

NARANJA

Vitalidad, diversión, suavidad, verano, calidez, simpatía

VERDE

Serenidad, salud, prestigio, naturaleza, dinero

AZUL

Fiabilidad, responsabilidad, libertad, frío, confianza

PÚRPURA

Elegancia, eclecticismo, creatividad, misterio, nostalgia

MARRÓN

Otoño, naturaleza, rústico, proximidad, libro, biblioteca, sencillez, durabilidad

BLANCO

Pureza, suavidad, limpieza, elegancia, nobleza

NEGRO

Prestigio, lujo, sofisticación, lujo, atemporalidad

 

En el estudio «Impact of colour in marketing», de Satyendra Singh, se descubrió que el 90% de las primeras impresiones respecto a los productos estaban basadas en el color.

No se trata tanto del color por sí mismo, si no de saber (o predecir) la reacción de los consumidores ante el color escogido. Es un ejemplo simplón, pero no falaz: si Harley Davidson, una de las marcas comerciales que ha acabado siendo más que un producto, una filosofía de vida, hiciera un cambio radical de imagen y decidiera diseñar todas sus motos de color rosa y con purpurina, ¿qué pasaría? Como ya he dicho, es el sentimiento o el estado de ánimo que proyecta una determinada marca lo que a menudo juega un rol más importante en la persuasión.

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¿Y cómo se aplica esto al sector de la traducción? Reformulo la pregunta: ¿cómo aplicaría yo todo esto a la hora de crear mi marca personal como traductor?

Sin querer, hace ya casi un año, cuando empecé este blog, dudé mucho de la plantilla, los colores y el estilo que quería darle. Aún así, y como creía (y sigo creyendo) que por encima de la apariencia o la faceta estética está el indudable poder del contenido, modifiqué tres veces los colores durante los primeros meses. Finalmente, y gracias a un golpe de inspiración un poco inconsciente, opté por los tonos tierra, viendo que me sentía cómodo con el juego entre el marrón chocolate, el caqui, y el contraste del blanco y el negro como contrapunto. Para mí, el marrón me evoca calidez, recogimiento, un poco la vaga imagen de la serenidad de encontrarse leyendo en medio de una inmensa biblioteca; el marrón me hace pensar en la madera del lápiz con el que anoto ideas, en el lomo de los libros antiguos. En definitiva, me inspira algo a lo que yo aspiro.

He aquí la solución a mi ecuación de segundo grado: sin querer, a base de pruebas, cambios y intuición, me di cuenta que (al menos por ahora) me siento cómodo con toda la paleta de colores tierra. Lo más importante de todo, y en especial en un aspecto tan subjetivo y diáfano como este, es no engañar. Y menos aún, engañarse a uno mismo.

 

A continuación dejo una breve lista de artículos que tratan sobre este tema, los que he usado para informarme:

–          The Psychology of Color in Marketing and Branding

–          A Guide to Choosing Colors for Your Brand

–          What Your Brand Colors Say About Your Business

–          Brand Identity: The Importance of Color

–          What’s the Color of Your Personal Brand?

 

 

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«Espera, aquí tienes mi tarjeta de contacto»

¿Cuántas veces habré visto películas en las que los tipos con poder, ricos y habitualmente con proposiciones malintencionadas dan tarjetas de contacto al pobre y abrumado protagonista? Y no las dan de cualquier manera, no, la tienen bien sujeta entre el índice y el corazón, con cara altiva y mirada segura y penetrante. Y en mis ensoñaciones febriles y grandilucuentes, una pequeña parte de mi imaginaba tener tarjetas elegantes y sofisticadas para repartir como quien reparte cheques. Pues bien, ese sueño se ha hecho realidad.

Un ejercicio que creo que es interesante de hacer una vez tenemos nuestras tarjetas de traductores profesionales personalizadas entre las manos es actuar según el dicho «Una gran cantidad de tarjetas conlleva una gran responsabilidad»; es decir, es el mejor momento (ni antes y después, justo ahora) de que nos asalten preguntas similares a: “Vale, ¿y ahora qué hago con ellas?, “¿Quién demonios va a querer mi tarjeta?”, “¿Ha sido esta una buena inversión, o lo hice bajo la influencia de la cafeína matutina?”. Una vez creamos haber encontrado respuesta a tooooodas las preguntas con un “pues se las doy a mi madre y ella que reparta”, hay que calzarse las botas del realismo y la madurez recién estrenada y hacer una lista de posibles receptores de nuestras tarjetas. Por ejemplo:

– TU MADRE

Y por ende a tu padre. Sí, y además un buen fajo de ellas. Tus padres y familiares más directos se encontrarán en las mismas situaciones cotidianas en las que podrán echarte un cable y sacar una tarjeta tuya. La red de contactos de tus padres, además de más extensa de lo que creías, es realmente diversa, además de potencialmente infinita en cuanto a sus ramificaciones. Tu barrio o pueblo también necesita un traductor o corrector,  y a veces podemos perder de vista esta gran verdad.  Así que no cuesta nada repartir a la panadera, a tu kiosquero y a tus vecinos. Think globally, pero investiga también en tu pequeño mundo.

OTROS TRADUCTORES, COMPAÑEROS DE CLASE, PROFESORES

Puede ser tan útil estar presente en formato tarjeta en la cartera de un posible cliente directo como en la de un excompañero de facultad (e incluso de instituto). Las buenas relaciones entre compañeros de clase, tertúlia, fiesta o gremio pueden representar gratas sorpresas en un futuro próximo.

Por lo tanto, reparte tarjetas a gente que se dedica a tu misma profesión, ya que os podéis sacar mútuamente de un apuro: él encontrará alguien adecuado por ese encargo que tuvo que rechazar y tú tendrás unos ingresos extra por un encargo (y puede que un cliente, o agencia) que desconocías.

Reparte tarjetas entre aquells compañeros de colegio, instituto o bachillerato con los que sigas en contacto, sean de letras o de números. Ellos tienen un perfil profesional que puede ser distinto al tuyo y, por consiguiente, un nuevo mercado al que poner el pie como traductor. Marina, que trabaja en una peluquería, puede hablar de ti a su jefa y animarla finalmente a traducir sus servicios o su página web al inglés; Tomás quizás se lo comentará a Nadia, su novia, que acaba de entrar en un bufete de abogados donde andan desesperados para contratar a un traductor especializado en derecho mercantil; Gonzo, el fiestero de la clase, te cuenta que acaba de abrir una discoteca en Mallorca y necesita que alguien le traduzca toda la publicidad de la que dispone para llegar mejor a los jóvenes británicos. Nunca se sabe.

Los profesores también son más que dignos merecedores de alguna de vuestras tarjetas. La tendencia será dar alguna a ese par o tres de profesores de la facultad con los que tenéis más afinidad, ya sea por el interés que os despierta su asignatura o por lo majos y abiertos que han sido siempre con vosotros. Pues adelante, ellos pueden ser otra buena fuente de contactos con terceros que desconocemos, y además con el aval de la recomendación de tu profesor de traducción científica, por ejemplo, que le da un gran valor añadido. Mi consejo es que perdáis el silencio de respeto a los profesores de la universidad incluso cuando dejéis de ser estudiantes; están allí para seguiros ayudando en lo que puedan, y a nadie se le caen los anillos por aceptar una tarjeta de contacto de un exalumno y nuevo compañero de profesión.

– EMPRESAS, NEGOCIOS PARTICULARES Y AUTÓNOMOS.

Quizás el target más evidente. Si lo que buscáis es llegar a nuevos clientes directos, o hacer contactos en un mercado afín a vuestros servicios de traducción, las tarjetas son el complemento perfecto. Atención, COM-PLE-MEN-TO. Es decir, si sóis unos maleducados o titubeáis al decir vuestro nombre y os resulta imposible hablar cordialmente de vuestra profesión, no esperéis que una tarjeta solucione el problema. Las tarjetas son el complemento, el soporte, la puntilla final perfecta para dar una imagen seria y sellar una buena conversación con cualquier persona que vaya a necesitar nuestros servicios (y puede que aún no lo sepa).

Así que, en resumen, he roto con unos cuantos mitos que yo mismo me había creado cuando era un niño cinéfilo. No sólo los abogados del diablo tienen tarjeta (porque seguro que todos tienen), también cualquier autónomo, pequeño empresario o miembro de una compañía que se toma en serio su trabajo. Insisto, tanto sobre el papel como en la práctica, los beneficios de ir cargado con unas cuantas tarjetas de contacto en el bolsillo puede resultar de gran utilidad en multitud de ocasiones.

Y recordad! Dad unas cuantas a vuesta madre, ella es la mejor RRPP que tenéis!