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Nanotraducción

Este lunes terminó mi periodo de prácticas como traductor en el Instituto Catalán de Nanotecnología. Han sido tres meses de intenso aprendizaje, de los cuales me llevo un montón de experiencia, recursos y herramientas aplicables sobre todo a la traducción científica y técnica.

El ICN es una fundación privada nacida el 2003, se encuentra en el Campus de la UAB, y está dedicada a la investigación más puntera en nanociencia y nanotecnología. Es decir, entre sus líneas principales de trabajo está el estudio de los fenómenos físicos asociados a las variables de estado, como electrones, fonones, fotones, etc, así como las nuevas propiedades que se obtienen al crear nanoestructuras nuevas. Analizan y manipulan partículas y estructuras a escala nanométrica, y tienen un grupo de investigación dedicado a la transferencia tecnológica, es decir, a la aplicación en la industria de los resultados de su investigación. Ahí es nada.

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Para quien no lo sepa, ahí va una revelación: soy de letras. Pero de letras puras. Hasta ahora, desde la astronomía hasta la física atómica para mí consistían prácticamente en lo mismo, un gran interrogante cubierto de la espesa niebla de la ignorancia. Conceptos como “laserización”, “grafeno”, “microscopio electrónico” o “ftalocianina metálica” eran totalmente ajenos a mi vocabulario habitual. Así pues, el primer día de trabajo, cuando tuve que enfrentarme por primera vez a noticias, artículos científicos, documentos internos y material divulgativo altamente especializado, me temblaron un poco las piernas.

Cabe mencionar que «nano», como tal, es un calificativo referente al tamaño de las muestras, estructuras y estudios que se realizan. Es decir, «nano» es todo. Este campo, tremendamente novedoso y en ciernes, abarca la física, la biología, la química y la ingeniería por igual; para resumirlo a mi manera, no es tanto el qué, sino el cómo.

Comparto un vídeo informativo, ganador del Scinema Film Festival de 2010, en que se explican las bases, el trabajo y las implicaciones presentes y futuras sobre la nanociencia y la nanotecnología. ¡Behold! No os asustéis, está narrado por Stephen Fry, cosa que siempre ayuda.

Interesante, ¿verdad? Pues fue sobre todo a partir del momento en que entendí la importancia de los proyectos realizados en ICN sobre los que traducía, mi trabajo se volvió cien veces más motivador. Tuve la oportunidad de trabajar en el campo de la traducción científico-médica, cosa que siempre me ha interesado, y de lo que me alegro de haber podido aprender y mejorar. Uno de los pilares de este campo es la comprensión. Como en todos los textos para traducir, pero probablemente este es uno de los campos en que es más necesario tener cierto entendimiento de todas y cada una de las palabras. Además, existe el factor de la lingua franca, pues todos los investigadores, sean de Castelló de la Plana, Palencia, Mumbai o Colonia trabajan, publican artículos y se desenvuelven en su profesión en inglés. La búsqueda terminológica, el contraste con textos paralelos, la consulta puntual con los expertos (cuando se pueda), así como una revisión posterior detallada son básicos para una buena traducción en este campo. He tratado de aprovechar esta experiencia para conocer, aplicar y regularizar esta metodología de traducción.

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Mi perfil en la web de ICN

Estaremos atentos a lo que este emocionante campo nos pueda ofrecer en la próxima década. Estamos inmersos en lo que muchos ya llaman «la era nano».